Diplomacia y militarismo: el conflicto por los Saltos del Guairá

Hermes Ramos Dávalos

Artículo publicado el 10 de diciembre de 2017 en el Suplemento Cultural del diario ABC Color, Paraguay.

Desde el Tratado de Límites de 1872 hasta el Acta Final del 22 de junio de 1966, “La última invasión. El conflicto por los Saltos del Guairá”, de Juan Marcelo Cuenca Torres, relata con precisión y agilidad la disputa territorial entre Paraguay y Brasil en el ámbito diplomático, con énfasis en la ocupación de territorio no demarcado por parte del ejército brasileño. Desde esta perspectiva, encontramos una nueva adición al escaso análisis histórico del periodo comprendido entre 1954 y 1989, dejando patente el intento del gobierno de Brasil de ocupar la totalidad de los Saltos del Guairá.

No existen dudas respecto a la capacidad de intervención e influencia de Brasil en el escenario sudamericano desde los procesos de formación de los Estados-naciones hasta nuestros días. Razones geopolíticas han marcado las relaciones de poder en que cada país hizo uso de sus recursos según sus intereses, lo cual no pocas veces afectó al Estado vecino. Desde principios del siglo XXI, este país ha demostrado una proyección de crecimiento económico, cimentado en su sólida política exterior, hasta el punto de hablarse de su condición de “superpotencia emergente”.

Diplomacia brasileña

Considerando que el conflicto por los Saltos del Guairá fue protagonizado por Brasil, cabe extender la mirada a obras (1) como “Cinco siglos de periferia”, del diplomático brasileño Samuel Pinheiro Guimarães, texto referencial y actual en materia de relaciones internacionales de su país. Al ocuparse de los desafíos de la política internacional de Brasil, nos dice que “su política exterior logró resultados extraordinarios. Se definieron pacíficamente las fronteras, realización notable cuando se la compara con la situación de otros países, como la India. Se preservó la integridad territorial, hecho sumamente importante, cuando podría haber ocurrido lo que ocurrió con México. Defendió exitosamente nuestra diplomacia el principio de igualdad soberana de los Estados y contribuyó a la lucha por un orden económico internacional más favorable a los países en desarrollo y a las excolonias” (2).

Examinemos las supuestas ansias pacifistas de Brasil para fijar su frontera con Paraguay. El artículo IX del Tratado Secreto de la Triple Alianza, “siempre en plena fuerza y vigor” según su artículo XVII, declara garantizar la integridad territorial de la república del Paraguay. Esta disposición fue violada por Argentina y Brasil, a partir de la firma de los tratados que establecieron nuevos límites después de la Guerra. En el caso del Tratado Loizaga-Cotegipe, firmado el 9 de enero de 1872 bajo ocupación militar brasileña en Asunción, Paraguay perdió a favor de Brasil aproximadamente 62.325 km² de territorio (3).

Décadas después, mientras Paraguay estaba en guerra con Bolivia, Brasil insiste en continuar los trabajos de demarcación fronteriza pendientes desde 1872. En su libro, Cuenca Torres recoge lo señalado por Efraím Cardozo al momento de realizar la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña (4) los trabajos de demarcación, cuando en julio de 1934 los representantes del gobierno brasileño insisten en colocar un nuevo hito en la margen derecha del Paraná, frente a la quinta caída, con lo cual Paraguay perdería los saltos sitos por encima, contra lo estipulado en el Tratado de 1872. Para ello, dichos representantes se valieron de una copia fotográfica de un mapa de la zona del Mbaracayú, supuestamente levantada por los demarcadores en 1874, incluyendo la firma del representante paraguayo, capitán Domingo Antonio Ortiz. El autor relata que “se ordenó la búsqueda del duplicado paraguayo de dicho mapa (…) y al compararlo con el mapa brasileño, se denotaron graves adulteraciones en éste, tras esto, los brasileños dejaron de insistir con el mismo; Brasil estaba buscando de todas las formas y métodos posibles tentar el error y torcer lo suscrito en 1874” (5).

Posteriormente, Brasil tradujo su interés en la explotación energética del río Paraná al iniciar estudios técnicos unilaterales desde 1953. En el caso de las intenciones del gobierno brasileño de utilización de los Saltos, la República del Paraguay tomó conocimiento de que el Ministerio de Minas y Energía se hallaba abocado a un estudio preliminar por una publicación del 13 de febrero de 1963 en el Jornal do Brasil, lo cual motivó la reacción del embajador paraguayo en Brasil, Raúl Peña, por instrucciones del canciller Raúl Sapena Pastor, iniciándose el largo litigio diplomático entre los dos países. Brasil no fue capaz de comunicar formalmente a su país vecino sus pretensiones sobre el río compartido en que se establece su frontera natural.

De esta manera, se constata fácticamente que en el caso de las relaciones con Paraguay los diferentes gobiernos del Brasil no demarcaron pacíficamente su frontera, ni se acogieron al principio de igualdad soberana de los Estados, ni contribuyeron a un orden económico favorable al buscar la explotación unilateral de los Saltos del Guairá. Pese a todo, el libro del 2005 de Pinheiro Guimarães debe ser observado con detenimiento, considerando que su autor ejerció el cargo de secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores hasta el 2009, siendo luego ministro de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República Federativa del Brasil.

En plena Guerra Fría: dos potencias, mismo criterio

En La última invasión encontramos que, en el discurso de fin del año 1963, Nikita Kruschev expuso un mensaje antibélico rememorando la Guerra del Paraguay y la dramática disminución de su población. Según relata Cuenca, esas palabras tuvieron eco en Itamaraty, cuyos portavoces alegaron que el premier soviético “tuvo la mala inspiración de exhumar el episodio de la Guerra del Paraguay, en el momento justo que estamos haciendo tentativas con ese país para la construcción de la usina de Sete Quedas, con lo que se excita el sentimiento nacionalista paraguayo, y coloca el problema en un ángulo francamente incómodo para la posición histórica brasilera” (6).

Siguiendo el relato cronológico, encontramos en 1965 el año más convulsionado del conflicto, con la ocupación de territorio litigioso por tropas brasileñas y el apresamiento de una comitiva paraguaya en octubre. El casus belli estaba instalado y Paraguay debía agudizar su práctica diplomática para seguir bregando por su soberanía e integridad territorial sin propiciar el enfrentamiento armado.

En esa secuencia de hechos, Cuenca Torres nos ilustra sobre la breve visita a Asunción, en fecha 24 de noviembre de 1965, del secretario de Estado de los Estados Unidos de América, Dean Rusk, en cuyas palabras recogidas por la prensa se lee que “Paraguay y Estados Unidos están trabajando juntos para labrar la felicidad de los pueblos, y que ambas naciones estaban en absoluta identidad en cuanto a los problemas internacionales” (7). De esta manera, vemos que, más allá de las diferencias en las líneas de pensamiento político, y en pleno auge del militarismo, la comunidad internacional coincidía con la causa paraguaya.

Más de cincuenta años después del conflicto por los Saltos del Guairá, hoy cabe celebrar la actuación de la diplomacia paraguaya, que revirtió un intento de despojo territorial conduciéndolo a un emprendimiento binacional altamente técnico en beneficio de los dos países.

Notas

(1) Algunos ideólogos de política internacional cuyas obras merecen atención son Golbery do Couto e Silva y Helio Jaguaribe, entre otros.

(2) Samuel Pinheiro Guimarães: “Cinco siglos de periferia. Una contribución al estudio de la política internacional”, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2005, p. 167.

(3) Oscar Bogado Rolón: “Sobre cenizas. Construcción de la Segunda República del Paraguay, 1869/1870”, Asunción, Intercontinental, 2011, p. 76.

(4) Según el Protocolo de Instrucciones para la Demarcación y Caracterización de la Frontera con Brasil del 9 de mayo de 1930, el objeto de la Comisión consistía únicamente en reemplazar los hitos de la misma frontera que hubieran desaparecido y colocar hitos intermedios que fuesen juzgados convenientes. Ver Enzo Debernardi: “Apuntes para la historia política de Itaipú”, Asunción, edición del autor, 2010, p. 43. También: Efraím Cardozo: “Los Derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá”, Asunción, 1965, p. 147

(5) Juan Marcelo Cuenca Torres: “La última invasión. El conflicto por los Saltos del Guairá”, Asunción, Arandurã, 2017, 229 pp., p. 36.

(6) Op. cit., p. 80.

(7) Op. cit., p. 139.

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